De fruto ancestral a especie en riesgo: proyecto U. Mayor impulsa conservación de la frutilla blanca chilena

Un equipo de la Escuela de Agronomía, compuesto por una académica y dos estudiantes tesistas, junto a 20 escolares de Colina, establecieron un banco de conservación de esta especie en el Parque Botánico Quilapilún de la comuna.




Mucho antes de la llegada de los europeos, la frutilla blanca chilena (Fragaria chiloensis) ya era cultivada por comunidades mapuche en el sur del país. Su aroma suave, tamaño y sus características únicas llamaron la atención de exploradores franceses, quienes la llevaron a Europa, donde se cruzó con otra especie y dio origen a la actual frutilla roja que hoy se consume en el mundo.

Sin embargo, su cultivo ha disminuido significativamente en las últimas décadas debido a su particular fisiología floral, que difiere de las variedades modernas. Esta situación, junto con los cambios en las condiciones de temperaturas han repercutido en bajos rendimientos, disminuyendo su superficie.

Con el objetivo de preservar esta especie, un equipo de la Escuela de Agronomía de la Universidad Mayor desarrolló un banco de conservación ex situ en el Parque Botánico Quilapilún, en Colina (Región Metropolitana), en conjunto con escolares de la comuna.

La iniciativa fue liderada por la académica Dra. Javiera Grez junto a las alumnas de quinto año de Agronomía, Valentina Álvarez y Franca Cavallar, quienes están haciendo sus tesis de pregrado sobre este tema. A ellas se sumaron 20 niños de tercero básico de la Escuela San Jorge, los que colaboraron activamente en la plantación.

Valentina Álvarez explicó que su estudio se centra en la caracterización morfoanatómica y funcional de la planta. “Me interesó estudiar la frutilla blanca porque es muy difícil de encontrar. Solo se produce en zonas muy específicas, por lo que prácticamente no hay en ferias ni supermercados”, dijo.

Educación y vínculo

Uno de los aspectos más relevantes de la iniciativa fue la participación de los niños, quienes no solo colaboraron en la plantación, sino que también aprendieron sobre biodiversidad y cuidado de especies nativas.

Fue muy bonito haber hecho este trabajo porque todos estuvieron muy motivados ayudándonos. Además, dejamos plantas disponibles en el vivero para asegurar su continuidad”, destacó Javiera Grez.

En tanto, Valentina Álvarez agregó que “se siente importante cuidar una especie que debería estar en estado de conservación. Les enseñamos a los niños la importancia de protegerla y estuvieron muy interesados en todo el proceso”.

Actualmente, la frutilla blanca solo se cultiva en zonas como Contulmo y Purén, y requiere condiciones específicas de temperatura y manejo, lo que ha desincentivado su producción.

“Se tiene que producir en condiciones de frío para que tenga una floración mínima, lo que es un desincentivo para los agricultores, ya que trabajan todo un año para sacar solo cuatro o cinco frutos por planta. Por eso hay muchos que la han dejado de cultivar, pese a que el kilo puede llegar a costar 30 mil pesos. Si la dejan de producir, va a desaparecer”, cierra diciendo Javiera Grez, quien lleva más de una década trabajando con este fruto 100% nacional.