Estudio advierte que el apoyo familiar para vivienda afecta las relaciones entre padres e hijos
La investigación del Dr. Quentin Ramond, director del Centro de Economía y Políticas Sociales U. Mayor, concluyó que la ayuda económica para acceder a la vivienda influye en cómo los jóvenes perciben su independencia respecto de generaciones anteriores. Debido a la enorme dificultad para acceder a un lugar propio, los resultados buscan iniciar un debate de políticas públicas orientadas al arriendo.
El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales desafíos para las nuevas generaciones de clase media. En este escenario, un estudio del director del Centro de Economía y Políticas Sociales de la Universidad Mayor e investigador principal del Núcleo Milenio “Inseguridad y cohesión Urban” NUMIC, Dr. Quentin Ramond, publicado en The British Journal of Sociology, advierte que el apoyo económico familiar no solo influye en las oportunidades habitacionales, sino que también reconfigura las relaciones entre padres e hijos.
La investigación se basó en entrevistas a personas de entre 30 y 39 años en el área metropolitana de París, un contexto que, por varias razones, es comparable con ciudades como Santiago, donde el aumento sostenido de los precios ha generado mayores dificultades para acceder a una vivienda. Revisa el estudio AQUÍ.
¿Arrendar o comprar?
Uno de los hallazgos centrales es resumido por el Dr. Ramond: “Quienes reciben ayuda para comprar una vivienda tienden a verlo como un impulso legítimo que fortalece su autonomía y los integra en un proyecto familiar de largo plazo”.
En cambio, la situación es distinta para quienes dependen de sus padres para arrendar. “En esos casos aparece una sensación persistente de infantilización y frustración, incluso si el apoyo económico es menor que el de quienes compran”.
Así, el estudio demuestra que la diferencia no está en los montos, sino en el significado social de cada situación. “Arrendar se percibe como un estado de espera, no como un proyecto de vida, y eso hace que depender de la familia se viva como un fracaso personal”, afirma el académico, quien añade que el estudio demuestra que la dependencia económica no solo tiene efectos materiales, sino también emocionales, lo que impacta en las relaciones familiares y la percepción de independencia.

Implicancias para Chile
Aunque la investigación se desarrolló en Francia, sus conclusiones tienen una fuerte conexión con la realidad chilena, donde el mercado inmobiliario presenta dinámicas similares. El investigador explica que “el caso chileno es especialmente interesante, porque combina alta presión sobre el acceso a la vivienda con una regulación del arriendo todavía débil”. Por ello, comenta que los resultados buscan iniciar un debate de políticas públicas orientadas al arriendo.
“Regular el arriendo no es solo una medida técnica: es también una forma de reconocerlo como un proyecto de vida legítimo, con estabilidad y dignidad. Por eso entre las propuestas generadas en el estudio se incluyen contratos más largos, regulación de precios y mayor protección frente al desalojo, junto con el desarrollo de una oferta de vivienda pública orientada al arriendo permanente".
“Si se sigue tratando la propiedad como el único horizonte habitacional válido, las tensiones entre generaciones y dentro de las familias seguirán aumentando”, cierra diciendo Quentin Ramond.
