Opinión// Chile: entre el Lujo de la Democracia y la Democracia del Lujo... sin "mano invisible"

Columna de opinión publicada por Revista AméricaEconomía el 28 de octubre de 2019

Hace una década escribí una columna titulada "Entre el Lujo de la Democracia y La Democracia del Lujo". Su tesis central es que nuestros políticos, erradamente, promovieron que la "Democracia del Lujo", es decir, la democratización al acceso de los bienes y servicios, resolvería las falencias del "Lujo de la Democracia", entendida esta segunda, principalmente, entonces y ahora, como la consecución de logros democratizadores: educación, salud y distribución del ingreso.

Frente a esta tensión entre ambos conceptos, sostuve entonces que "lo que deben tener claro los partidos de gobierno, la oposición y los grandes grupos económicos es que el Lujo de la Democracia (entendiéndose como tal todos aquellos conceptos que fueron el sustento de la recuperación de la democracia: libertad de pensamiento, de disentimiento, de debate, de representación del poder y de expresión) dejó de ser suficiente para sostener la gobernabilidad y que los conceptos que la componen se han transformado en la base para que la sociedad procese y razone que, además, la Democracia del Lujo no es suficiente tampoco".

El alza de 4,25 centavos de dólar (CL$30 pesos chilenos), en el valor del transporte, ha terminado por tensionar al sistema político chileno y amenazar al modelo económico. En el primero, los canales de comunicación han llegado a estar totalmente enervados, limitando el diálogo entre políticos y sociedad civil. Efectivamente, los políticos siguen en discusiones bizantinas que buscan réditos electorales. Erradamente pensaron que la reforma al sistema binominal sería la solución, que entregaría una nueva democratización y sería una demostración de transparencia; difícil, cuando hay parlamentarios electos con el 1 y 2% de votos.

En el segundo, se ha puesto en peligro las bases del crecimiento y desarrollo. Se viene hablando hace mucho de la necesidad de ajustar el modelo, pero un ajuste que sea democratizador de verdad.

¿Qué ha ocurrido?: se han tomado medidas sin trascendencia. Aún más duro, se ha hecho caso omiso a las innumerables advertencias y críticas que la sociedad civil realizó: al sistema de AFP, a las isapres en la salud, al TAG de las autopistas, a las alzas del agua y luz; los casos de corrupción del sector privado (colusiones), de la clase política y de instituciones clave; a la privatización del agua. Porque se trata de que las ganancias sean compartidas. Lograr una sociedad más equitativa que lleve a una mejor calidad de vida y a algo inédito, la exigencia de políticas públicas que aseguren una mínima dignidad en el cotidiano vivir.

El punto es que hoy el Lujo de la Democracia y la Democracia del Lujo se han fusionado, es decir, no se entiende democracia sin bienestar de bienes y servicios, de forma que la sociedad civil entiende que en una situación de mayor confort se puede y se debe reclamar todo esto como un derecho.

Además, los políticos y el sector empresarial deben entender que se trata de una cuestión tan básica como tener un mínimo de empatía con una sociedad civil que ya no desea y que no permitirá que se vuelva a pasar sobre ella.

La cuestión de fondo hoy son dos puntos: visualizar que desde aquí en adelante la sociedad civil ha tomado conciencia de su poder de cambio, tal como se ha visto en otras sociedades contemporáneas, donde ya no necesitará un intermediario para hacer ver sus demandas y exigir un modelo más igualitario; y que esta explosión social, más allá de los actos delincuenciales, es una advertencia para que el modelo económico reaccione rápido y eficientemente, porque la "mano invisible" de Adam Smith ya no es funcional.

Rodrigo Álvarez
Doctor en Estudio Latinoamericanos
Académico e investigador de la Escuela de Periodismo de la U. Mayor