Un nuevo ciclo político: ¿Una nueva economía?

alejandra-vasquez

Columna de opinión publicada por Diario Sustentable el 26 de mayo de 2021


Tras el hito histórico de las elecciones del pasado 15 y 16 de Mayo, comienza en Chile un nuevo ciclo político, tanto a nivel comunal y regional como a nivel nacional. Las nuevas autoridades municipales recientemente electas, ejercerán su cargo hasta el año 2025, lo que significa que para entonces ya estaremos a medio camino en esta década que culmina en 2030.

A nivel global, el Informe del Panel Internacional sobre Cambio Climático de Naciones Unidas ya nos ha advertido que “Las rápidas alteraciones que experimentan los océanos y las zonas congeladas de nuestro planeta obligan a multitud de personas —desde los habitantes de ciudades costeras hasta las comunidades de remotas regiones árticas— a modificar de forma radical sus modos de vida”, Ko Barrett, Vicepresidenta del IPCC[1].

Durante esta década deberemos vivir transiciones sistémicas de gran escala a una velocidad sin precedentes[2] en los ámbitos de la energía, los sistemas agroalimentarios, la producción industrial y la infraestructura para mantener los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero dentro de límites compatibles con la estabilidad climática.

Pensemos Chile en los próximos 30 años, ¿Existe un acuerdo mayoritario en crear leyes que regulen y mejoren la justicia climática? ¿Observamos que existe voluntad de cumplir acuerdos internacionales para disminuir el cambio climático? ¿Garantiza el actual modelo económico el cuidado de la vida?

El inesperado mosaico de la convención constitucional ha movido la frontera de lo posible en lo político, dejando a una élite perpleja en su burbuja epistémica. Frente a este nuevo ciclo político, cabe preguntarnos: ¿Qué modelos mentales sobre la economía están quedando obsoletos en el Antropoceno[3]? ¿Qué nuevos modelos mentales permitirían guiar el despliegue de una nueva economía regenerativa al servicio de la vida, en un espacio operativo justo y seguro para la humanidad dentro de los límites planetarios?

La economista británica Kate Raworth en su libro “Economía de la Rosquilla 7 maneras de pensar como un economista del siglo XXI” ofrece algunas respuestas a estas preguntas, quien se inspira en el trabajo del Centro de Resiliencia de Estocolmo sobre los límites planetarios y el acuerdo internacional de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

La propuesta es innovadora al vincular los dos tipos de límites -planetarios y sociales-, dos desafíos que la humanidad enfrenta hoy.  Y también plantea un modo de vivir y pensar la economía de hoy. Raworth es consciente de que los indicadores económicos no son suficientes para medir un verdadero bienestar de la sociedad.

Recientemente como un modo de recuperar la economía deprimida por la pandemia, el municipio de Amsterdam está realizando cambios inspirados en la economía de la rosquilla. En una entrevista con la BBC[4] Raworth señala: “lo que hemos visto en muchos países a causa de la pandemia es que en realidad las políticas, pueden ocurrir de la noche a la mañana, cuando los gobiernos deciden hacer que esto suceda… Los cambios son absolutamente posibles si transformamos los valores, la mentalidad e intereses políticos.”

La experiencia de la Economía de la Rosquilla para Ámsterdam nació desde el barrio de Bijlmer en 2019, al reconocer que los proyectos comunitarios podrían ayudar a  la ciudad a conseguir beneficios ecológicos y sociales. Dentro de las acciones que la ciudad ha implementado se mencionan algunos ejemplos: Construir en el lado sur-este de la ciudad un barrio diseñado para producir cero emisiones y priorizar la vivienda social y el acceso a la naturaleza.

Actualmente Ámsterdam se  visualiza como una ciudad próspera. Para lo cual combinan las aspiraciones locales con la responsabilidad global.  Crean una red de actores de la ciudad, con diversos intereses y preocupaciones, a través de un marco común.  Invitando a los actores de la ciudad a ver las interconexiones, reconocer las tensiones e identificar sinergias para la acción, exploran la ciudad desde una perspectiva holística, co-crean la ciudad a través de un proceso iterativo de innovación transformadora, desarrollando métricas adecuadas para una ciudad del siglo XXI, que empiecen a medir y reflejen lo que significa que esta ciudad prospere.

Durante la pandemia la ciudad ha introducido estándares de sostenibilidad y el uso circular de materiales, en todos los edificios de propiedad del municipio. Actualmente existe un “pasaporte de materiales” para las construcciones, cada vez que se eliminan materiales se reutilizan las piezas.  Establecimiento de tiendas de segunda mano para recuperar vestimentas como prendas jeans que son altamente contaminantes, por los tratamientos que sufre la tela.

Ante las cuarentenas que vivían en la ciudad, se dieron cuenta que miles de residentes no tenían acceso a computadoras y que serían necesarias para socializar y participar en la sociedad. La municipalidad organizó recolección de computadoras viejas y rotas. El municipio contrató una empresa  de reparación para restaurarlas y distribuyó cerca de 3.500 computadores a las personas que las necesitaban[5].

Amsterdam es una ciudad innovadora en incorporar estos cambios culturales, políticos, sociales, económicos y ecológicos.  Actualmente hay más ciudades que han iniciado esta ruta de transformación.

La Rosquilla para Chile, nos muestra que más de la mitad de los límites planetarios han sido rebasados[6]. Mientras que las áreas de acuerdos sociales nos muestran un incremento en el desempleo, en la inequidad y debilidad de lazos de confianza social.

Este enfoque nos hace comprender que nuestras actividades individuales y colectivas no pueden sobrepasar ni los límites planetarios ni las bases de acuerdos sociales. La Premio Nobel de Economía Elinor Ostrom señala entre los principios para la gobernanza de recursos de uso común: a) la importancia de los Acuerdos Colectivos que permitan participar en los procesos de decisión, b) la autogestión comunitaria reconocida por autoridades de instancias superiores y c) mecanismos de resolución de conflictos baratos y accesibles.

Para lograr cumplir estos objetivos, será necesario la suma de compromisos de todos los actores involucrados. Como bien sabemos, los desafíos socioambientales requieren la colaboración de los distintos actores y sectores de la sociedad. Llegar a metas ambientales implica un esfuerzo local y global.  En palabras del historiador Harari: “Nuestra especie ha sido la primera en forjar inmensas redes de cooperación a gran escala”.

¿Estarán nuestras autoridades a la altura de los desafíos globales que enfrentaremos a nivel local? ¿Qué conversaciones es necesario sostener desde el nivel local para avanzar hacia territorios regenerativos en los social, ambiental, económico y político?

Alejandra Vásquez Alvarado - Investigadora del Centro de Economía y Políticas Sociales (CEAS) de la U. Mayor
Pablo Villoch Bayod - Académico y máster en Liderazgo Estratégico para la Sustentabilidad