Columna publicada por El Mostrador el lunes 7 de agosto.

Es difícil poder entender, y menos explicar, lo que ha pasado en la Democracia Cristiana en apenas una semana. Vamos a los hechos. Carolina Goic anuncia, el día previo a la junta nacional, que el partido está fuera de la Nueva Mayoría y que tratará de evitar la repostulación de Ricardo Rincón. El sábado 29, el ente partidario aprueba casi por la unanimidad de sus 580 miembros, a todos los candidatos propuestos por los regionales –incluido Rincón– y además opta por una alianza electoral con dos pequeños partidos integrantes del conglomerado oficialista, los que no tienen ninguna afinidad ideológica con la falange.

Acto seguido, Goic entra en un período de reflexión durante largos cinco días. Mientras tanto, sus dirigentes explicitan que la colectividad está en una crisis profunda, comienzan las recriminaciones mutuas, renuncia su vicepresidente, Sergio Espejo, expresando duros y sentidos juicios hacia su ex partido. El desconcierto es total, la rabia y la incertidumbre se apoderan de sus militantes. Todos perciben que este puede ser el comienzo del fin.

Pero, de pronto, los mismos que habían validado el acuerdo que gatilló la decisión de Carolina Goic, comienzan a buscar fórmulas para evitar quedarse sin abanderada presidencial. Entienden que el costo será catastrófico. Y como en la política chilena nada puede sorprendernos, alguien revisa la “letra chica” y se da cuenta de que la presidenta del partido puede declarar, designar o retirar a cualquier candidato al Parlamento, es decir, no era ni siquiera necesario perder tiempo convocando a una junta nacional para validar este proceso.

Es evidente que este episodio terminó con un triunfo político de la timonel de la DC. Logró revertir un momento crítico, mostró liderazgo, adquirió más visibilidad y, lo más importante, tomó una bandera que podría ayudarle  a remontar su campaña. El relato de un nuevo “estándar ético”, sin duda, sintoniza mejor con el ciudadano común. De seguro va a subir un poco en las encuestas, y solo con el hecho de la mayor exposición que tuvo en estos días, ello se debería reflejar en los próximos sondeos.

Por cierto que Goic tiene una oportunidad hoy. Ya entendió que al hablar de “estándar ético” debía ampliarlo a otros ámbitos. Rechazó la colusión y lanzó una aguda crítica a la empresa Enel por los cortes de electricidad. Y también incluyó la esfera de la política. Este será su principal desafío de campaña, ya que seguramente los medios de comunicación, las redes y los ciudadanos estarán atentos a denunciar cualquier conducta sospechosa de los candidatos de la DC en este período, para ver cómo reacciona la candidata.  De ahí que asumir la causa de la ética le resultará  riesgosa.

Lo importante es si la Democracia Cristiana será capaz de enfrentar esta crisis y hacerse cargo de los problemas de fondo que quedaron al descubierto con el impasse de la semana recién pasada. Pese a la euforia y ambiente de celebración que se vivió el día que Goic informó que seguía en carrera –noticia que ya había adelantado un ansioso Jorge Burgos, algunas horas antes–, lo cierto es que lo peor que le podría pasar a esta colectividad es esconder la basura debajo de la alfombra.

Hace rato que la DC viene en declive y dejó de ser el partido más importante del país, la mayoría de sus dirigentes son los mismos de hace décadas, han estado en tres gobiernos seguidos como acompañantes de un Presidente(a) del Partido Socialista, pero, lo que es peor, sufren una crisis de identidad que los hace dudar del lugar que tienen en el espectro político chileno. El centro, ese espacio del que se sintieron dueños por mucho tiempo, no solo ya no les pertenece, sino de seguro no podrían identificar ni siquiera a quiénes corresponde.

Los primeros signos, posregreso de Carolina Goic, no son muy alentadores para los falangistas. No alcanzó a durar 24 horas la paz interna. Volvieron las críticas y las acusaciones mutuas, también algunas amenazas de salirse de la colectividad –como la expresada por Mariana Aylwin, quien advirtió que aunque hoy apoyaba a Goic, su grupo, “Progresismo con progreso”, en cualquier momento podía emigrar de la DC–. Por otra parte, cada vez es más grande el sector que está pidiendo revisar el acuerdo con la Izquierda Ciudadana y el MAS, pese a que el 80% de los delegados que participaron en la junta nacional aprobaron esta moción.

También han salido duros dardos hacia los autodenominados “cardúmenes”, una nueva corriente –de las muchas que han existido en la DC, como chascones, guatones, colorines, etc.– formada por jóvenes que se sienten herederos de la ética del partido. Se señala, a este grupo incondicional de Goic, como el responsable de muchos de los errores cometidos en la campaña. Otro que ha estado en el flanco de las críticas es Burgos. El ex ministro de Bachelet y jefe político de campaña de la senadora, ha sido acusado por algunos parlamentarios de pasar a llevar la institucionalidad de la colectividad, llegando incluso a plantearse la opción de que pueda ser sancionado internamente.

Y, bueno, la anécdota que grafica cómo están las cosas al interior del partido es el intercambio de cartas, en duros términos, entre las parejas de las dos principales autoridades del partido. Ahora Manuela Fanjul, señora de Matías Walker, le respondió a Christian Kirk, marido de Carolina Goic. Digno de una teleserie nocturna de alta audiencia.

Lo cierto es que la Democracia Cristiana está viviendo su mayor crisis. La candidatura de Goic puede aportar a devolver algo de entusiasmo y mística a sus militantes, pero el efecto puede ser pasajero y de corto plazo si no hay capacidad de reflexión, de mirar más allá de noviembre.

Aquí no basta con que la timonel diga que su campaña ahora “tiene un nuevo significado”, la pregunta es si la DC es capaz de encontrar significado a su existencia como partido.

Esta es la hora de la retrospección y de terminar de culpar a otros por los problemas propios. Goic y los dirigentes del PDC deberían dejar de hablar de ninguneo y maltrato de la Nueva Mayoría, mal que mal, 440 de sus delegados votaron por pactar nuevamente con partidos de ese bloque político. Asumir las contradicciones siempre es sano y, por supuesto, deben tener cuidado con los espejismos. Estos constituyen la mejor forma ocultar la realidad, una especie de autoengaño que podría marcar la caída final de este importante partido político.

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