10 / 07 / 2017

La esquizofrenia que desató MJ Ossandón


Germán Silva Cuadra, Director del Centro de Estudios y Análisis de la Comunicación Estratégica (CEACE), Universidad Mayor

Columna publicada por El Mostrador el lunes 10 de julio de 2017.

Qué difícil debe ser para los ciudadanos entender lo que está pasando con Manuel José Ossandón. Lo cierto es que, a lo menos, se puede calificar de inconsistencia política. En apenas una semana pasó de villano rotundo a ser una especie de héroe. Incluso para algunos  de su sector –precisamente quienes lo trataron con más dureza– volvió a ser “el Cote”. Al igual que en la película de culto Eterno resplandor de una mente sin recuerdos,  protagonizada por Jim Carrey, una repentina amnesia invadió a los dirigentes de derecha. 370.000 mil votos es una razón más que suficiente para entender este radical giro.

Nadie parece recordar las fuertes acusaciones y descalificaciones que hizo contra Sebastián Piñera, llegando a sacar ronchas con el recuerdo de cuando el ex Presidente fue encargado reo –“no por lindo”, según el senador–. De seguro, Evelyn Mathei ya olvidó esa sentencia dura y desafiante con que representó el sentir de la mayoría de los históricos de la UDI, a menos de 48 horas de la elección: “No veo posibilidad de recomposición alguna. Ossandón se puede dar muchos gustitos, a lo mejor lo está pasando súper bien, pero cavó su propia tumba”.

Apenas parecen quedar destellos de la frase que provocó la irritación máxima de Piñera y su entorno, cuando el ex alcalde afirmó que, a diferencia de su contrincante, él tenía un currículo limpio de imputaciones e investigaciones penales. ¿Es posible que alguien que ha sido acusado de conductas éticas y legales reprochables pueda sentarse ahora, como si nada, con quien lo atacó durante meses? Difícil, pero especialmente debe ser leído por las personas comunes y corrientes como una de las tantas conductas que han terminado por condenar a nuestra clase política.

También resultaría incomprensible que Manuel José Ossandón, de la noche a la mañana, pasara a endosar su respaldo o se sumara a la campaña de Piñera. Sería una inconsistencia.

Hace solo unas semanas los vimos denunciando un complot en su contra, orquestado por el propio comando de Sebastián Piñera. ¿Cómo olvidar las mofas y el trato de ignorante que recibió sin piedad desde la propia derecha? ¿Es posible para Ossandón borrar las burlas que recibió de sus pares por ser un técnico de Inacap o la acusación de populista? ¿Le quedarán imágenes al senador de cuando el ex Presidente le dijo que pertenecía al barro y que, por suerte, le quedaban pocos días de candidato? ¿Cómo se vería –entre quienes votaron por él– que apareciera apoyando ahora a Piñera, luego que incluso llegase a señalar que, respecto del fideicomiso ciego, el ex Jefe de Estado tenía piso de vidrio o que el Palacio de Gobierno era para gobernar, no para especular?

Claro que, hasta aquí, esto se parecía a un intento de reconciliación forzada en una pareja que ha experimentado la agresión física mutua y, por tanto, se circunscribía a la derecha. De pronto, junto con el fin de las primarias, se sumaron, a esta teleserie de búsqueda desesperada de sus votos, los candidatos de la Nueva Mayoría. Cuesta más aún calificar este interés sorpresivo, el concepto oportunismo queda un poco corto. Ambos candidatos desplegaron gestos públicos hacia Ossandón, de seguro Piñera habría pagado por recibir esa noche de las elecciones un abrazo como el que el senador se dio con Guillier en el hemiciclo de la Cámara Alta. Carolina Goic fue más allá y no sólo le solicitó una reunión, sino que además  hizo un llamado público a los electores del ex candidato, señalando que la DC les abría una puerta y espacio, ya que podían compartir un mismo proyecto de sociedad.

Pero el proyecto del codiciado Ossandón es una mezcla que hace difícil fijar su domicilio político, así como encontrar el perfil de quienes votaron por él, pese a que sabemos que son más bien de sectores populares y de la zona sur de Santiago. Su discurso es ultraconservador en lo valórico –la UDI queda como un partido liberal al lado de él– y al mismo tiempo es despiadado para criticar el abuso de los poderosos, la relación política-negocios y la colusión, así como las falencias del sistema económico.

También es partidario de aumentar el Estado. Por tanto, es un político muy poco tradicional y, quizás por lo mismo, es que conectó con un elector menos ideologizado y más pragmático. Pero lo que sí tenemos claro es que la base de apoyo con que contó tenía un elemento en común: el “antipiñerismo”. Esto hace complejo pronosticar cómo se pueden mover esos miles de chilenos que votaron por él.

¿Qué va a hacer Ossandón ahora? Partamos por el hecho de que la votación obtenida se dispersará rápido entre los distintos candidatos en competencia, y ojo que esas 370.000 personas constituyen un votante interesado en expresar su opinión, considerando los niveles de abstención del 65% de procesos anteriores. Ellos de seguro van ir a sufragar en noviembre y definitivamente el senador no es dueño de esos votos. Pero lo que sí tiene a favor es el tiempo y el espejismo que se ha formado en torno a su real influencia en ese electorado.

Todo parece indicar que el candidato independiente no dará su apoyo irrestricto a Piñera el día en que se junten a conversar posvacaciones en México del ex Mandatario. Las señales han sido claras. Se demoró en responder la invitación, no ha aceptado intermediarios y ha señalado que su apoyo está condicionado, entre algunos otros requisitos, a la eliminación de la Ley de Pesca, situación que representa un evidente desafío a la UDI, partido base de la campaña de Sebastián Piñera.

Ossandón, si quiere proyectarse para las elecciones siguientes y capitalizar este momento, no debería apurarse en asumir una posición, ni por uno ni por otro. Incluso podría darse el “gustito” de explicitar su opción recién en segunda vuelta, para tener un arma de negociación. Y, claro, lo que le convendría es instalar un issueo un tema programático que esté presente en lo que resta de la campaña presidencial y que obligue a los otros –esos que creen, ingenuamente, que el senador puede “traspasarle” votos con un simple llamado público– a referirse a ello. Y, por supuesto, influir en la agenda estos meses sería una revancha contra los que lo descalificaron por su falta de preparación y conocimiento de los temas.