12 / 06 / 2017

¿Ayuda o perjudica Yerko a Ossandón?


Germán Silva Cuadra, Director del Centro de Estudios y Análisis de la Comunicación Estratégica (CEACE), Universidad Mayor

Columna publicada en El Mostrador el 12 de junio de 2017.

Partamos por el hecho de que –para bien o mal– la semana pasada fue la más mediática de Manuel José Ossandón en años. Menciones en todos los medios, memes, tuits, comentarios a la hora del café y en las redes sociales. Inevitable no referirse al impasse del candidato independiente en un programa que tiene una muy baja audiencia, pero que, gracias al episodio, logró la mejor promoción desde su regreso a la pantalla chica. Analistas, políticos, columnistas y ciudadanos comunes opinando de la reacción del invitado. Primaron las críticas ácidas y destempladas, exigiendo altura y conocimiento. En menor medida, surgió una defensa emocional y empática de quienes sufrieron al ver al hombre expuesto al examen público ante las cámaras, de seguro, gatillado por el recuerdo de esas muchas veces en que también ellos “sudaron la gota gorda” frente al interrogatorio de un rudo profesor. "Gracias a Dios –debe haber reflexionado más de un telespectador–, no me hizo clases Fernando Villegas".

Más allá de la  performance de Ossandón, un error no siempre –desde la mirada de las comunicaciones– significa una catástrofe. Ejemplos tenemos miles. Baste recordar el episodio de la Kioto que sufrió el ex Presidente Piñera, en el que en efecto era una víctima, también en un programa de televisión en directo. Incluso el propio Ossandón, en su momento, defendió a Karadima. Dependiendo de cómo se reaccione y de la actitud posterior que tome el protagonista del impasse, a veces se puede convertir en una oportunidad. A eso sumamos que, aumentar la visibilidad, a menos de un mes de una elección, es una ventaja competitiva importante siempre. Incluso cuando se trata de un hecho polémico o negativo.

Las reacciones frente al episodio se pueden dividir en dos. Por un lado, la elite, que apuntó con dureza al senador por su ignorancia. La intelectualidad política y social de Chile, que no solo se aterra frente a la posibilidad de tener un Presidente que sea un Técnico Profesional del Inacap, sino que además no tolera quedarse sin respuestas en público. Por eso estamos acostumbrados a esas tesis de grado que evaden la pregunta y que dejan desconcertados al entrevistador, público o al lector.

En la otra vereda está el ciudadano común, ese que tiene una noción básica de un tema tan complejo como el del Acuerdo de París, aunque la verdad no le interesa mucho. Esa persona se contagia en un comienzo con los “intelectuales” y, si lo llegan a entrevistar para una nota de televisión en la calle, dirá que espera que un aspirante a La Moneda “sepa de todo”. Pero la verdad es que ese ciudadano no confía en alguien por sus doctorados, sino por hablarle de sus problemas, que tenga un lenguaje simple y sea más cercano a él, con sus virtudes, errores y debilidades, aunque sea un poderoso. Esa faceta que Andrónico Luksic tan bien está explotando hoy en día.

Si las personas votaran solo por los infalibles y los más preparados, de seguro no tendríamos de presidentes a Trump, Maduro o al comediante Jame Morales en Guatemala. Tampoco estarían en el Congreso Iván Fuentes o el propio Ossandón. El elector hoy busca a personas cercanas, humanas, comunes y corrientes, que empaticen con ellos.

Pese a la opinión de la elite y en particular del mundo político –partiendo por el entorno de Piñera–, no es claro entonces que el senador haya resultado completamente dañado por su exceso del uso “no sé” para responder a las preguntas del duro panel de Chilevisión.

Lo cierto es que Ossandón hizo lo correcto con posterioridad a su paso por 'Tolerancia Cero'. Partió por reconocer que esa noche había tenido una mala presentación. Incluso llegó a decir que a estas alturas debería tener un plan de Gobierno más afinado. Duro en la autocrítica, se burló de sí mismo y transmitió humildad. Un rasgo que no caracteriza mucho a nuestra clase política. Pero luego retomó su diseño estratégico y volvió a contratacar a Piñera. Es decir, ponerse al mismo nivel que el contendor que debe intentar derrotar. “Puedo meter la pata, pero no las manos”, fue su mensaje.

Y la primera prueba de fuego de Ossandón no fue una entrevista a un medio tradicional –aunque dio varias en estos días–, tampoco su paso por el Congreso –aparentemente no ha ido hace tiempo–. La reacción de la calle la vimos en la rutina de Yerko Puchento, en el programa más temido de los políticos: 'Vértigo'.

El actor Daniel Alcaíno recogió la conversación cotidiana y lo que circuló en redes en los días posteriores. Fue despiadado con el candidato independiente. Lo llegó a comparar con Ungenio, ese personaje que ya forma parte de la cultura y la memoria colectiva de los chilenos, asociado más que a la ignorancia a la baja intelectualidad. La verdad es que fue un festín. Y el público presente, representando a la plaza pública, se río y burló de Ossandón hasta el cansancio, al igual que antes lo hizo con Cecilia Pérez. Ese público que se deja llevar, que cambia de opinión, pero que igual empatiza más con David que con Goliat. Esos mismos que vitorearon al senador cuando se convirtió en el primer presidenciable en asistir a ese programa.

Si Ossandón quiere utilizar este traspié a su favor, deberá seguir tomándose con humor a Yerko, pero también a periodistas, vecinos y electores que partirán por recordarle siempre el Acuerdo de París. Deberá reírse de sí mismo, y victimizarse un poco frente a los ataques y burlas destempladas. Tendrá que tener el cuero duro y sonreír.

Ya intuyó que el chileno valora más al que reconoce que se equivoca que al que sigue diciendo que se entera de las cosas por la prensa. Y, claro, debe evitar la del “sillón de don Otto”: querellarse contra Canal 13 y Daniel Alcaíno, como lo hizo Cecilia Pérez.